Autentificar obras de arte: una ciencia no del todo exacta

A pesar que desde hace muchos años atrás lleven realizándose comités científicos para la investigación, o a menudo se celebren simposios internacionales, la autentificación de obras de arte, sigue siendo hoy día, una ciencia no del todo exacta.

A la sombra de los errores humanos, artistas con sus engaños intencionados, los intereses del mercado… son algunos de las trabas que los expertos se encuentran cuando intentan autentificar una obra, y es que a pesar de, y cada día más, contar con una mayor documentación, y una tecnología mucho más sofisticada, resulta dificilísimo, por no decir imposible, asegurar con certeza y rotundidad que una pintura fuese pintada por un artista, por su taller, por un artista y su taller, por un seguidor, por un discípulo…incluso aun estando firmada.

Y es que muchos de los grandes maestros de siglos pasados, tenían tales cantidades de encargos que no podían atender a todos, y para ello lo que hacían era montar un taller con discípulos de una gran calidad, es decir, que imitaban con excelencia el estilo del maestro, y estamos hablando de maestros de la talla de Leonardo da Vinci, Tintoretto, Rembrandt, Rafael, El Greco…

Esto es algo que ocurría antaño, pero también se puede trasladar a la actualidad, artistas como Jeff Kons o Damien Hirst, cuentan con talleres donde otros artistas llevan a cabo las obras ideadas por ellos.

No obstante, la historiografía moderna parece estar empeñada en fijar el corpus pictórico de los artistas, y, por ejemplo, en el caso del arte moderno y contemporáneo, es algo más visible que sea la misma sucesión técnica y pictórica de los artistas, las encargadas de asegurar si una pintura es auténtica o, por lo contrario, una falsificación.

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Comités científicos

Uno de los primeros comités científicos creados con la finalidad de autentificar las obras de su autor, fue el Rembrandt Research Project (RRP), que tuvo su germen en 1956, cuando el Rijksmuseum de Ámsterdam, que atesora grandes obras maestras del pintor, entre ellas su famosa “Ronda de noche”, quiso organizar una exposición celebrando el 350 aniversario del nacimiento del artista, un hecho, que le sirvió para darse cuenta de que existían muchas lagunas para poder certificar su autoría.

De modo que, doce años después, en 1968, se crea dicho comité que se encargaría de poner en orden su corpus de trabajo, y lo que en un principio se preveía que duraría no más de una década, hoy lleva a sus responsables trabajando más de 48 años, nada comparable a los seis años de trabajo del Bosch Research and Conservation Project.

El Bosch Research and Conservation Project, es otro de los comités científicos creados también en Holanda, con la misma finalidad que el anterior, aunque este caso con motivo de la celebración del IV centenario de la muerte del Bosco.

Como ya bien dijimos anteriormente, durante seis años, expertos científicos estuvieron analizando los cuadros del artista, elaborando un polémico informe, pues descatalogó de un plumazo tres de las seis obras que el Museo del Prado tiene del artista.

Se trataban de “Las tentaciones de San Antonio Abad”, “La extracción de la piedra de la locura” y “La mesa de los pecados capitales”, esta última no gana para disgustos, pues ya en su día enfrentó al Prado y Patrimonio Nacional.

Miguel Falomir, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado, y Pilar Silva, jefe del Departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte, quien también formó parte, como asesora, del comité científico, están convencidos de la autenticidad de estos cuadros.

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El caso de Rembrandt: de 988 a 340 obras

En 1913, un total de 988 obras estaban atribuidas a Rembrandt, y apenas diez años después, Abraham Bredius, las dejaba en 639. A medida que han ido pasando los años, la purga ha sido cada vez mayor, y para 1968, Horst Gerson, uno de los grandes especialistas en el artista holandés, publicó su catálogo razonado, quedándolas en 420.

En octubre de 2010, y ya bajo la iniciativa de RRP, se habían hecho público un total de 5 volúmenes y más de 4000 páginas, analizando todas las documentaciones, técnicas, e investigaciones de los forenses, desde sus primeros años como artista en Leiden hasta su muerte. Tan solo 240 obras habían sido estudiadas, aunque con certeza, mientras que 162 rechazadas o se dudaba y 85 ni tan siquiera les había dado tiempo a ser catalogadas.

Finalmente, y hace tres años, se publicó el último y sexto volumen, Rembrandt’s Paintings Revisited, A Complete Survey, quedándose el corpus pictórico en 340 obras. Actualmente, dicho comité es quien tiene la última palabra sobre si algunas de sus pinturas es auténtica o no.

Y en medio de ese baile de atribuciones, autenticidades, descatalogaciones que ha sido incesante, se ha podido ver como la Frick Collection se quedaba con un `Rembrandt con añadidos de taller´, para el caso del “Jinete polaco”, la Gemäldegalerie de Berlín perdía “El caballero del yelmo de oro”, a la par que el Mauritshuis Museum de La Haya ganaba el “Hombre riendo”.

Uno de los hallazgos más recientes, fue en 2016, en la feria de arte y antigüedades que cada año se realiza en Maastricht (Holanda). Se trataba de “El paciente desvanecido”, que durante muchos años se había creído perdido, hasta que en 2015 lo compró la galería parisina Talabardon & Gautier, aunque como una obra del siglo XIX, de autor desconocido.

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23. Rembrandt El paciente desvanecido - Autentificar obras de arte: una ciencia no del todo exacta

Cotizaciones al alza en el mercado del arte

Y como no, a la sombra de ese juego de catalogaciones y descatalogaciones, se encuentra el mercado del arte, un ejemplo, “Rembrandt sonriendo”, que, de salir a subasta por 1.100 euros, (pues no estaba atribuida a su autor) alcanzó casi los 3 millones de euros, en 2007, en una pequeña casa de subastas en Cirencester ¿el motivo?, la firme convicción de dos potenciales pujadores que presenciaron la subasta, de que la obra era de la mano del artista flamenco. Nueve meses más tarde, se confirmó por parte de Ernst van de Wetering, director del Rembrandt Research Project (RRP), de que así era.

Así mismo, y durante décadas, el Museo Mauritshuis de La Haya, ha tenido dudas acerca de una obra que forma parte de su colección privada, se trataba de “Saul y David”, ya que, en el catálogo razonado del año 1969 de Gerson, aparecía como un discípulo de Rembrandt o del taller del mismo.

Sin embargo, en 2015, y tras una minuciosa investigación interna y restauración de la pintura, se llegó a la conclusión de que se trataba del maestro, pintada entre los años 1645 – 1652. Tras dicha bienaventurada noticia, el museo holandés organizó una exposición que tomó por título “¿Rembrandt? El caso de “Saúl y David”, en la que se mostró todo el proceso de investigación y estudio sobre el cuadro.

De esa manera, se pudo ver como la pintura sufrió mucho a lo largo de su vida, pues fue repintada, cortada y remendada, en quince fragmentos entre sí, y lamentablemente restaurada.

24. Rembrandt sonriendo - Autentificar obras de arte: una ciencia no del todo exacta

 

 

 

 

 

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