Al descubierto los misterios de un incunable de la pintura

Muy pocas veces tenemos noticias de ello, sin embargo, y sobre todo las grandes pinacotecas españolas a menudo están poniendo a punto sus colecciones. Sin más, ahora, y hasta el próximo 27 de enero, el Museo del Prado junto con la colaboración de la Fundación Iberdrola España están dedicando una pequeña exposición, donde se presentan los resultados de la restauración de uno de los más preciosos incunables de la pintura al óleo, La Fuente de la Gracia (1440 – 1445), una tabla del taller de Jan van Eyck.

Dicha pintura, que ingresó en el Prado procedente del Museo de la Trinidad, no sólo es la única obra que posee la pinacoteca del entorno de Jan van Eyck, sino que también es una de las más relevantes de sus colecciones, pues durante años se convirtió en la principal pintura flamenca del museo por tener una importante trascendencia histórica, así como por sorprendente calidad.

En esta exposición, comisariada por José Juan Pérez Preciado, técnico de conservación del Museo del Prado podrán apreciar la recuperación estética que ha resultado de la intervención a cargo de la restauradora María Antonia López de Asiain, así como conocer las claves de un exhaustivo estudio histórico – artístico que aumenta el conocimiento que se tenía sobre ella.

Enigmas resueltos

El primero de los misterios a revelar fue la procedencia de la obra, los Países Bajos, a través de los materiales empleados, pues se utilizó creta (carbonato cálcico), y no yeso (sulfato cálcico), que es lo que por lo general se usaba en la Península Ibérica.

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El segundo era descubrir quien encargo la obra, un dato que se les escapa, aunque sí que se sabe que Enrique IV la regaló al Monasterio de Santa María del Parral en Segovia antes de 1454. Son muchas las pistas las que indican que quizás el encargo partiese de Castilla “pues la composición es muy semejante a las miniaturas creadas allí, como una incluida en la Biblia de Alba” también presente en la muestra, explica Pérez Preciado.

Por otro lado, y gracias a la eliminación de los barnices opacos y amarillentos, no solo se ha podido lograr recuperar la intensidad lumínica y el color, sino lo más importante, el espacio y la profundidad original. Enrique Quintana, coordinador de restauración y documentación técnica del Prado, destaca que “ahora es cuando se pueden apreciar los múltiples detalles que escondía la tabla, la luz filtrándose por las ventanas, las figuras proyectando las sombras, el torrente de agua cayendo con las hostias consagradas, los tapices, los azulejos, la lana del cordero…”.

17. La fuente de la Gracia - Al descubierto los misterios de un incunable de la pintura

Primera obra en reproducirse fotográficamente

El método de la reflectografía infrarroja, incluida también en la muestra, ha confirmado el hecho de estar ante una composición original, y no una copia de otra obra. Además, el dibujo subyacente, a pesar de estar muy bien elaborado muestra que hay muchos arrepentimientos, e incluso elementos nuevos, como la aguja central que en el dibujo aparece con una composición distinta, así como numerosas modificaciones que se concentran principalmente en los elementos arquitectónicos, pues la fuente era circular y no octogonal, el trono de Dios padre era más exuberante, al igual que la tracería de la aguja, etc.

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Si observan bien vemos como la obra representa el corte axial de una catedral dividida en tres plantas, el inferior, con la vida humana; el segundo, con la angelical, y el superior, con Dios Padre, la Virgen y San Juan.

Esta guarda una estrecha relación con el magnífico políptico del Cordero Místico de la catedral de San Bavón de Gante, una de las grandes obras maestras de la Historia del Arte, realizada por Jan y Hubert Van Eyck, que precisamente también está siendo restaurada actualmente.

Desde hace mucho tiempo La fuente de la Gracia cayó en el olvido al no tratarse de una obra de primera mano de Van Eyck, hasta que fue redescubierta en los años 30 del siglo XIX tras la desamortización de los bienes eclesiásticos, cuando fue expropiada del Monasterio del Parral para pasar a formar parte del Museo de la Trinidad y finalmente al Prado, siendo la primera obra del museo en reproducirse fotográficamente, lo que os puede dar una idea de su envergadura.

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