Sevilla se rinde ante la primera exposición antológica de Murillo

Un año ha pasado desde que se celebró la inauguración oficial del Año Murillo en la capital hispalense, cuyo objetivo no era otro más que conmemorar a lo grande el IV centenario de su nacimiento, y mostrarlo cómo lo que fue, uno de los grandes maestros de la pintura, condición que ya manifestó en su día al encontrarse entre los más cotizados del siglo XVII superando incluso las rentas de algunos de sus contemporáneos, tales como Velázquez o Francisco de Zurbarán, aunque también podríamos llegar hasta principios del siglo XX, pues así lo justifica el expolio napoleónico de su obra en Sevilla.

Tras numerosas actividades y exposiciones exhibidas a lo largo del año en diferentes instituciones de renombre de la ciudad, ayer llegó uno de los días más esperados de la temporada, la apertura al público de la exposición Murillo. IV Centenario en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, la mayor colección del pintor barroco dada hasta la fecha con un total de 72 pinturas, muchas de ellas nunca antes vistas en España procedentes de más de 50 instituciones y colecciones internacionales.

Ya son muchos quienes han apuntado esta cita imperdonable, y si tú también eres uno de ellos no olvides posponerla hasta más del 17 de marzo de 2019, día en el que tendrá lugar su clausura.

¡No se la vayan a perder!

Más allá de sus Inmaculadas

Uno de los objetivos desde el punto de vista científico del Año Murillo estaba en dejar atrás el tópico de pintor dulcificado de Inmaculadas y santos, y así es cómo se ha querido demostrar.

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Agrupada en nueve ejes temáticos “Murillo. IV Centenario” a través de sus numerosas obras ha logrado mostrar un pintor total capaz de hacer frente con soltura, maestría y excelencia, ya no solo la pintura religiosa, sino también la pintura de género y el retrato tales como han señalado sus comisarios, Valme Muñoz (directora del museo) e Ignacio Cano (conservador).

“Murillo es un pintor capaz de reunir la excelencia técnica con la capacidad de comunicación”, comenta la directora del museo sobre el protagonista de la muestra, con el que se ha querido desterrar esos tópicos que lo muestran como un artista demasiado edulcorado, aún cuando contaba con una técnica asombrosa que le permitía crear unas escenas de gran intensidad.

Añade Ignacio Cano, que para mostrar esa maestría de la que estamos hablando “se ha optado por dar un enfoque más que cronológico, temático, para de ese modo relacionar pinturas de diferentes periodos y mostrar su incesante capacidad creativa, en aspectos que van desde el naturalismo, más palpable en la pintura religiosa, a la más dignidad y absoluta belleza con la que retrato a los niños más humildes”.

Las pinturas de género junto a los retratos se han convertido, sin duda alguna, en dos de los grandes atrayentes de la exposición, que se trata de la más ambiciosa que se ha llevado a cabo por primera vez en su ciudad natal desde la que se realizó en el Museo del Prado con más de un centenar de obras en el año 1982.

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Obras más destacadas

El otro gran atractivo de la muestra reside en la gran cantidad de instituciones que se han ofrecido a prestar sus obras para deleitarnos con pinturas, que se van a poder ver por primera vez en dos siglos desde que salieron de España como el Autorretrato de Murillo que alberga la Frick Collection o las Cuatro figuras en un escalón del Kimbell Art Museum.

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Otras obras destacadas son, por estar realizada en obsidiana, Las bodas de Caná, de la Universidad de Birmingham, el Ecce Homo, de una colección particular madrileña, Niño riendo, de la National Gallery, o el Retrato de Íñigo de Melchor Fernández de Velasco, del Louvre.

A partir de estas obras y otras muchas más, sus comisarios han tratado de mostrar la visión del mundo que rodeaba a Murillo partiendo de un eje temático, la “Santa infancia” donde reinventa y crea nuevos temas tradicionales como la infancia de Cristo, para continuar con “Una familia de Nazaret”, en la que incorpora el naturalismo a la pintura devocional.

En otras secciones como “Gloria en la tierra” se muestra como incluye visiones trascendentes y celestiales en escenas cotidianas, mientras que en “Compasión” enseña sobre cómo provocar la emoción religiosa mediante su apreciación.

A todas estas temáticas se le suman las obras sobre el Convento de Capuchinos entre las que destaca El jubileo de la Porciúncula, del Museo Wallraf-Richartz de Colonia, que permanecerá e en la pinacoteca hasta 2026.

Como ven se trata de un recorrido excepcional que va desde lo religioso, con paradas obligatorias en el diseño iconográfico que fijó para la Inmaculada, a lo profano, y así hasta lo más desconocido de Murillo, es decir, desde el pintor que más encargos recibió por parte de la Iglesia en Sevilla hasta el gran retratista. Lo dicho, un pintor total.

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