¿Quieren saber cómo son los pendientes más caros del mundo?

Hablar de joyas, es hablar entre otras cosas de pendientes, una de alhajas más antiguas de la historia, ya que su uso de carácter embellecedor, o protector para otras culturas, se conoce desde tiempos inmemorables, formando parte de muchos ajuares funerarios.

Por lo tanto, tienen tal recorrido, que han sido muchos los zarcillos que han tenido el honor de ser las joyas más valiosas, ahora bien, ¿quieren saber cuáles y como son los pendientes más caros del mundo hasta la fecha?

Se tratan de unas gemas tan exclusivas y originales, que incluso ha propiciado a que cada una de las piezas tengan un nombre propio, son de diamantes, uno en color azul y en otro en rosado, y se llaman Apolo y Artemisa, en relación a lo descripto en la mitología griega, dioses de un enorme poder y belleza.

Estos mismos fueron subastados por la firma Sotheby´s, y su precio llegó a alcanzar la astronómica cantidad de 57,4 millones de dólares (51 millones de euros), lo que le ha valido para convertirse en una de las joyas más caras jamás ofertadas, la excusa perfecta para quedar claro que el sector del lujo está experimentando una demanda cada vez más fuerte por este tipo de piezas de la más alta calidad.

De su comprador no sabemos nada, pero sí que les cambió el nombre, pues así lo anunció la casa de subastas a través de un comunicado, ahora Apolo es “Recuerdo de las hojas del otoño” y Artemisa “Sueños de hojas de otoño”.

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Apollo Blue y Artemis Pink

Los diamantes Apolo y Artemisa, a pesar de estar tallados y pulidos en forma de pera teniendo un tamaño muy similar, no es la única peculiaridad que comparten, y es que ambas piezas se pueden considerar singulares al poseer unas características únicas, tanto por la tonalidad como por sus dimensiones, al tratarse de piedras muy complicadas de encontrar en la naturaleza.

Según el Instituto Gemológico de América (GIA), Apolo, es un lujoso diamante de color azul “vivid”, que pesa 14.54 quilates, perteneciente a la categoría IIb, que significa que forma parte de un grupo de piedras preciosas al que solo corresponden el 1% de los diamantes. En estos últimos años, tan sólo ha habido una única mina, la mina Cullinam, en Sudáfrica, que ha producido gemas azules como la que estamos viendo, representando menos del 0,1% de la producción total.

Su pareja, Artemisa, se trata igualmente de otra lujosa joya, en rosa, procedente también de Sudáfrica, clasificada en este caso de categoría IIa, lo que ha supuesto ser reconocida como el elemento químico más puro de entre este tipo de gemas.

Conforme a los datos facilitados por la misma fuente, apenas el 3% de los diamantes producidos al cabo del año, pueden catalogarse como diamantes de color, siendo el rosa, como el de Artemisa, menos del 5% de la clasificación.

Además, los expertos en gemología, han certificado que ambas piezas cuentan con un alto grado de pureza, que es lo que le ha acabado dando esa intensa transparencia óptica.

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Salieron a subasta por separado

Antes de que Sotheby´s anunciase la que iba a ser la primera subasta tras la llegada de la primavera, ya sabía que estos pendientes se iban a convertir en la pieza estrella, y así pasó, en la noche del 16 de mayo cuando estos salieron a la venta en el Hotel Mandarín Oriental de Ginebra (Suiza) donde tuvo lugar dicho evento, no sin antes, ser exhibidas en algunas de las sedes que esta tiene en lugares como Nueva York, Londres, Hong Kong y Dubái.

Se trataban de piezas tan únicas y bellas por sí solas, que la casa de subasta no dudó en sacarlas a la venta de forma separada, dada su extrema rareza. De esa forma, el valor estimado para Apolo estaba situado entre 36 y 47 millones de euros, mientras que Artemisa, entre los 12 y 17 millones. No hay ni que decir, que estos precios tan altos se deben como ya hemos mencionado anteriormente a la ausencia de este tipo de diamantes en el mundo.

Finalmente, los caminos de ambos se encontraron, al ser adquiridos por un único comprador, cuya identidad no ha sido relevada, que ofreció 37 millones por el diamante azul y 13 millones por el rosa, lo que supuso un total, con las correspondientes tasas, de 51 millones de euros, convirtiéndolos en los pendientes más caros del mundo.

Otras joyas que también se llegaron a subastar fueron un anillo de zafiro azul de 45 quilates, hallado en las selvas de Birmania, y un collar de diamantes perteneciente a una princesa francesa, todas ellas piezas magníficas y nobles que acabaron generando un total de 151 millones de dólares, lográndose adjudicar el 90% de la totalidad de los lotes ofrecidos.

 

 

 

 

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