Las Meninas de Pablo Picasso. Comentario de un experto

Picasso fue siempre un gran admirador de la obra de Diego Velázquez. Creció con él, y es que, para entonces, y a finales del siglo XIX, el artista sevillano estaba ya considerado un pintor de referencia, escultores como Emmanuel Frémiet, pintores como Ramón Casas, o revistas como Pèl & Ploma, a menudo reivindicaban la figura del maestro.

Pero contemos mejor su propia experiencia. Picasso apenas contaba con tan solo 13 años de edad, cuando en el viaje que tuvo que hacer desde Málaga a La Coruña, visitó por primera vez el Museo del Prado, del que quien diría, años más tarde se acabaría convirtiendo en su director.

En esa visita, tan solo un cuadro le llamó especialmente la atención, Las meninas de Velázquez. Según palabras dichas por el mismo Picasso “Tuve la oportunidad de enfrentarme, por primera vez, a mis ídolos. Me esperaban en el Museo del Prado. Un único cuadro se me quedó fijado en las retinas, de una manera además obsesionante, el cuadro de Velázquez, Las meninas. Creo que, desde aquel momento, aunque fuera en el subconsciente, tuve clara una decisión en mi vida: realizar mi propia versión de Las meninas”.

A continuación, vamos a hacer un pequeño análisis acerca de Las Meninas del pintor malagueño, una serie de pinturas que el artista llevó a cabo en tan solo varios meses del año 1957.

Por suerte, Picasso, siempre quiso que la totalidad del conjunto estuviera unida, de modo que hoy podemos decir, que se trata de la única serie del pintor conservada al completo y ubicada en el Museo Picasso de Barcelona, tras la donación que él mismo realizó a la pinacoteca, en mayo de 1968, en honor a la memoria de su amigo Jaime Sabartés.

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Las Meninas de Picasso – una serie única

Las meninas de Velázquez, es única, en el sentido de qué, solo es una obra, en cambio, Las Meninas de Picasso, se trata de una serie compuesta por un total de 58 pinturas, realizadas por el artista entre los meses de agosto y diciembre de 1957.

De ese total, solo 45 son interpretaciones de la obra de Velázquez, 21 están tratadas de manera conjunta, 14 dedicadas exclusivamente a la Infanta Margarita, 5 a Isabel de Velasco, y las otras cinco restantes, a María Agustina de Sarmiento. El resto, corresponde a nueve escenas de pichones, tres paisajes, y un retrato de su esposa Jacqueline.

Durante esos cuatro meses, Picasso se afincó en su casa de verano “La Californie”, ubicada a las afueras de Cannes. Allí habilitó un nuevo estudio diferente a donde solía pintar, en la segunda planta, llevando a cabo un exhaustivo estudio, recreando y reinterpretando, el cuadro de Velázquez, aquel que siempre tuvo presente.

Antes de realizar su primera obra, hizo un dibujo preparatorio, que, afortunadamente podrán ver también en el Museo Picasso de Barcelona, tras ser donado en 2009 por su hija Catherine. Asimismo, encargó a su amigo Sabartés, que le consiguiera una ampliación fotográfica del cuadro de Velázquez, en blanco y negro, así como documentación diversa.

Se dice, que el ritmo que siguió para la realización de la serie, fue irregular, pero intenso, tan pronto se pasaba varios días sin pisar el taller, que de repente, la inspiración le inundaba y pintaba tres obras en un mismo día, eso sí, nunca invitó a nadie a que entrase en su estudio.

La técnica para todas ellas, es la misma, óleo sobre tela. Las medidas, en cambio varían, podrán ver desde lienzos de grandes formatos, de 194 x 260 cm, a otros más pequeños, de 18 x 14 cm.

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Esta es mi versión

Picasso, a lo largo de su carrera, siempre contó con artistas que les resultó ser fuente de su inspiración, y entre ellos Velázquez, Degas, Toulouse – Lautrec, Goya o Ramón Casas. A la hora de realizar sus meninas, en ningún momento, quiso hacer una copia de la obra original, a las pruebas me remito, es más bien una reinterpretación de la misma, estableciendo, eso sí, una síntesis entre la tradición clasicista y el cubismo.

Y es que, si se fijan, tanto la composición, como la atmósfera y el volumen, son puntos en común con la obra original, en cambio, las figuras, así como los objetos plasmados, son los que sufren esa reinterpretación propia de su estilo, el cubismo.

En la primera de sus obras, representó a todos y cada uno de los personajes que aparecen en la obra de Velázquez. Es su pintura más grande, después del Guernica, y asimismo la última obra en la que utilice la misma técnica, la grisalla, por lo que su primera versión las tonalidades se reducen a grisáceos y negros.

Igualmente, también innovó en los tamaños del formato y la paleta. Para los formatos, siempre tuvo en cuenta los personajes a representar, si era una única figura el tamaño era más pequeño, de lo contrario, si eran varios eran más grandes, y de ahí la variedad en cuanto a las diferentes medidas.

Otra de las diferencias reside en la paleta de colores, pues mientras en Las meninas de Velázquez, el color se rige por tonalidades terrosas, en las de Picasso, podrán ver representaciones que van desde el blanco y negro, hasta ir ganando en variedad cromática, eso sí, dejando muy claro, la utilización de colores monocromos, puros y planos, una de las principales características del movimiento del que él fue el creador, el cubismo.

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