Joaquín Sorolla, el pintor español que enamoró a Estados Unidos

Hace poco más de dos años, desde septiembre de 2014 hasta enero de 2015, la fundación Mapfre nos sorprendió con una exposición del pintor valenciano, Joaquín Sorolla, que llevaba por título Sorolla y Estados Unidos, donde sin ir más lejos de la realidad, y a través de 150 obras se nos mostró la cara más cosmopolita del pintor.

Se trataba de obras que habían sido expuestas en las diferentes exposiciones que Sorolla llevó a cabo en los Estados Unidos, principalmente entre los años 1909 -1911, siendo la gran mayoría de ellas nunca antes vistas en nuestro país, y a quienes fueron muchos los afortunados que pudieron contemplarla. Decimos afortunados, porque no creemos que se vuelva a dar dicho acontecimiento, como fue el de reunir tantas obras juntas del pintor, cuando muchas de ellas pertenecen a colecciones privadas y ya en su momento tuvieron que ser prestadas.

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Joaquín Sorolla, inicia su carrera como pintor con miras a ser reconocido internacionalmente, de hecho, más que en los certámenes artísticos que se celebraban en España, que eran de los más modestos comparados a los que se estaban dando en el resto de Europa, centró toda su atención en París, capital de las artes por aquel entonces. París, fue digamos la que le dio a conocer como un pintor de renombre, pues en el año 1900 obtiene el Grand Prix durante la Exposición Universal de París con su obra Triste Herencia lo que vino a significar su consolidación en el mercado internacional.

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En 1908, Sorolla realiza una exposición en las Grafton Galleries de Londres y es aquí donde conoce a Archer Milton Huntington, un millonario hispanista norteamericano, que enamorado de la cultura española funda en 1904 su propio museo, The Hispanic Society of América.

Archer Milton, al ver la exposición le acaba ofreciendo realizar una muestra de su obra en New York donde él tenía el museo. Sorolla comprende rápidamente la importancia de lo que le supondría esta exposición y para el 4 de febrero de 1909 pudo reunir más de 200 obras de diferentes temáticas, entre ellas sus famosas playas valencianas bañadas por el sol del Mediterráneo con los niños y niñas como protagonista, que fueron las que verdaderamente encandilaron al público norteamericano, junto a los retratos. El éxito fue rotundo y sin precedentes, más de 160.000 visitantes pasaron en tan solo un mes, y los principales museos y grandes coleccionistas privados acabaron comprando buena parte de su producción.

Tras esta exposición y bajo el patrocinio de la Hispanic Society of América y en una versión más reducida se presentó en Fine Arts Academic de la ciudad de Buffalo y en la Copley Society de Boston.

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Sorolla durante su estancia en Estados Unidos

Joaquín Sorolla, pasó grandes estancias en los Estados Unidos junto a su esposa Clotilde, y su éxito en parte se lo debe a sus grandes mecenas, por un lado, al mencionado Milton Huntington y por otro, a Thomas Fortube Ryann, un poderoso hombre de negocios.

También es verdad que Sorolla lo dio todo en sus obras mostrando su maestría y delicadeza, llenando las exposiciones de retratos, que, aunque era un género en el que no se encontraba especialmente cómodo, siempre expuso retratos, muchos de su familia, quizás entre otras cosas porque al conocerlos mejor les resultaba más fácil captar las poses y los gestos personales. Destacamos los realizados a su esposa Clotilde con traje negro, adquirido por el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y Clotilde en traje blanco, comprado por la familia Huntington.

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Sin embargo, de entre los retratos que expuso, el que causó una verdadera admiración, fue el de la reina Victoria Eugenia, pues los norteamericanos siempre quisieron ser retratados como lo había hecho la aristocracia europea. A raíz, de ese momento, se incrementaron el número de encargos, que provenían desde Estado Americano, es decir, desde el presidente y el secretario del Estado hasta grandes magnates de la época, como el retrato que realizó para Louis Comfort Tiffany.

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Y como no podía ser menos, Sorolla, un enamorado de su tierra y España, quiso llevarse un trocito de esta a los Estados Unidos, mostrando sus paisajes, los jardines de Alcázar de Sevilla o la Alhambra de Granada, y sus míticas playas de Jávea. Tanto gustó esta temática, que el mismísimo Huntington le encargó un conjunto de 14 grandes lienzos sobre temas representativos de las regiones españolas, un conjunto, que se conoce como Visión de España y entre el que destacamos Sevilla: los nazarenos.

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Thomas Fortune Ryan, no se iba a quedar atrás, y le encargó una pintura de gran formato sobre Cristóbal Colon saliendo del puerto de Palos y Baile en el café Novedades de Sevilla.

Sorolla y Estados Unidos

Precisamente el interés de esta exposición que nos ofrecía la Fundación Mapfre, residía ahí, en los Estados Unidos. Durante poco más de tres meses, obras que eran totalmente desconocidas del pintor valenciano se exhibieron por primera en España, procedentes de algunas de las instituciones americanas más famosas como The Hispanic Society of América, The Morgan Library, Nueva York y Saint Louis Art Museum, entre otros, cuando no de colecciones privadas, en su gran mayoría, como lo son obras del Puerto de Valencia, Triste Herencia, Otra Margarita o el Bote Blanco.

Hubo una parte muy curiosa a la par que interesante en esta exposición, y fue la exhibición de 15 gouaches de vistas de la ciudad neoyorquina desde su habitación del hotel Savoy, nunca antes vistas en España, y que además fueron pintadas en los cartones que usaban las lavanderías para doblar las camisas.

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También se pudieron ver muchos de los dibujos que realizó a lápiz en el reverso de los menús de los restaurantes de los hoteles a los que asistía, es decir, mientras comía, Sorolla se dedicaba a retratar a los camareros y los clientes.

Otra de las cosas más emocionantes de esta exposición, fue el descubrimiento de cuatro grandes estudios preparatorios sobre el lienzo Corriendo por la playa, comprando por Huntington en la exposición de 1909, localizados en Brooklyn Museum de Nueva York que tuvieron que ser catalogados porque ni tan siquiera se sabía de su existencia aquí en España.

Ya dijimos anteriormente, ¡afortunados aquellos que tuvieron la suerte de poder contemplar estas obras insólitas!, no será lo mismo, pero ¡oye!, fue compasiva la Fundación Mapfre de querer mostrarnos de la manera más cercana posible, un recorrido por toda la exposición a través de una visita virtual, que sin duda no tiene desperdicio alguno.

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