Gianni Crea, el guardián de los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina

Gianni Crea, lleva adelante desde hace veinte años una labor tan rutinaria como única. Cada día, y a eso de las cinco de la mañana, este se encuentra abriendo uno de los enormes portones que da acceso a los Museos Vaticanos. Es una operación, que le lleva varios minutos, debido a la cantidad de cerraduras, aldabas y alarmas que lo protegen.

Sorprende escuchar, cómo el ronco quejido de la hoja al girar, rompe el silencio de la madrugada en el Viale Vaticano, cuando aún, no hay ni rastro de los más de 27.000 turistas, que invaden a diario esta calle, y que más tarde se encontrarán visitando la Capilla Sixtina, las estancias de Rafael de Sanzio, así como el resto de sus miles de tesoros.

Crea, nos da la bienvenida con una sonrisa, y tendiéndonos su mano derecha. En la izquierda, lleva un manojo de llaves, principal distintivo de los que desarrollan este particular trabajo. Es el jefe de un equipo de otros cinco “clavigeri”, y el encargado de custodiar las 2.797 llaves que abren todas las puertas, de una de las pinacotecas más grandes del mundo, fiel testigo de la historia de la humanidad durante centurias, y de las adquisiciones de los pontífices desde el siglo XVI, los Museos Vaticanos.

La terraza de Nicchione

Ya dentro del recinto del museo, avanzamos junto a Crea, por uno de los pasillos. En su mano, la llave número uno, la que abre la puerta de Santa Ana, y que da acceso al vestíbulo de los museos. Doble giro y clic. “Aquí, es donde empieza nuestro turno de trabajo, el mío, y el de mis compañeros” comenta Gianni, mientras se reparten las cuatro zonas en las que se dividen el museo. “Necesitamos alrededor de una hora para poder abrir todas las puertas y ventanas, desactivar las alarmas, y encender todas las luces. Para cerrar, tardamos algo más, en torno a una hora y media”.

El primer lugar donde suelen echar sus primeras ojeadas, es especial, un lugar al solo se puede acceder con un ascensor, para el que también se necesita una llave. Se trata de la terraza de Nicchione, situada sobre los Museos Egipcios, y cerrada al público. Las vistas desde aquí son un verdadero privilegio. “Cada día veo cómo se despierta Roma”, cuenta con emoción Gianni. De telón de fondo, los Museos Vaticanos, mientras la cúpula de San Pedro sigue aún iluminada.

Bajamos de nuevo hacia la planta baja, para recoger el primer manojo de llaves que dejan allí tras el cierre de todas las puertas. Con ellas, accedemos a los que ellos denominan el búnker, que no es otra cosa que la habitación, dónde se guardan todas las llaves y copias de los originales de los Museos Vaticanos. Tras una pesada puerta metálica, encontramos ese espacio pequeño y estrecho, con armarios en las paredes, así como varias pequeñas cajas de seguridad empotradas.

2. Terraza de Nicchione - Gianni Crea, el guardián de los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina

La llave sin número

En el búnker, Gianni Crea, abre una de esas pequeñas cajas de seguridad, y extrae un sobre lacado, en su interior, se halla la “llave sin número”, la llave de la Capilla Sixtina. “Cuando comencé a trabajar aquí, hace veinte años, pregunté por qué no tenía número, y me contestaron que siempre había sido así”. ¿Qué número le pondrías? ¿el uno? ¿el dos? Es imposible. Esta es la llave que abre un espacio, con el que millones de personas de todo el mundo sueñan, es, además, un lugar con un valor especial, pues es aquí, donde los cardenales eligen al Papa”.

El clavero, muestra un registro donde tanto él, como sus compañeros, tienen que anotar cada vez que cogen la llave, y la devuelven, así como los visitantes que les acompañan. Se trata de una llave de la que solo tienen una copia los encargados de la sacristía pontificia.

En la sala, un plano indica todas las cerraduras numeradas, en cambio, en el acceso a la Capilla Sixtina, solo hay dos iniciales en mayúscula: S.N. “sin número”, una llave, que resulta sencilla, metálica y no muy grande, que poco llama la atención.

Crea, sale del búnker, cargado con cientos de llaves metidas en grandes aros metálicos, según las distintas áreas de los Museos, y se dirige hacia la entrada del Pío Clementino, lugar, donde se encuentran las esculturas clásicas atesoradas por los diferentes Papas. En mano, la llave 401, que, y a diferencia del anterior, si por algo se caracteriza, es por ser del siglo XVII, y pesar algo más de medio kilo. Poco a poco, Crea, va encendiendo todas las luces hasta llegar a la Escalinata Simonetti, donde saca una linterna del bolsillo, para poder seguir avanzando sin tropezar con los escalones.

3. Gianni Crea. Clementino - Gianni Crea, el guardián de los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina

Casi ocho kilómetros de recorrido

Al otro lado de los ventanales, Roma sigue durmiendo, aún no hay señales del amanecer. “El único miedo que puedes sentir aquí, es la omnipotencia y la sublimidad de la belleza que vamos contemplando a cada momento”.

El maestro de los claveros, tiene 46 años, y a su edad, asegura que se tiene que mantener por fuerza, en buena forma, para recorrer los casi ocho kilómetros que ocupa el museo de largo. “A día de hoy, y pesar de conocer cada rincón, siempre descubro algo nuevo. Las mismas obras van cambiando según la luz del momento. Mi trabajo, podría ser similar a la de cualquier otro portero, solo que nosotros tenemos las llaves del paraíso artístico”.

El paraíso al que se refiere Gianni, empieza a hacerse terrenal, cuando nos adentramos en la Galería de los Mapas, una de las salas más bellas, en la que, y a lo largo de sus más de 100 metros, se disuelven las delicias de cualquier amante de la cartografía o geografía italiana del siglo XVI, pintada por el geógrafo Ignazio Dantiresulta, más impresionante aún, al descubrirlo entre penumbras.

Y así es, como poco a poco, este va abriendo puertas y encendiendo las luces de cada estancia, dando así, vida a una perspectiva que resulta imponente. “Se podría automatizar todo el sistema tanto de accesos, como de iluminación, pero se ha preferido dejarlo así, es decir, de forma manual y por tramos, porque de esta manera, por fuerza, tenemos que pasar por todas las partes, y percatarnos, pues si de una ventana no cierra bien, un trozo de rodapié está desprendido, o algún que otro desperfecto, y comunicárselo de inmediato a los encargados de la conservación y restauración del museo”.

4. Gianni Crea. Puerta - Gianni Crea, el guardián de los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina

Las llaves del paraíso

Y de nuevo, la llave “sin número”, vuelve a ser la protagonista tras subir unas escaleras, y un pequeño cartel indicarnos, que, tras una sencilla puerta de madera, se halla la meta más perseguida de cualquier turista que viaja a Roma. Gianni, introduce la llave en la cerradura y nos invita a entrar en ella. Una tímida claridad empieza ya a infiltrase por lo ventanales, pero la verdadera luz, se da con el encendido del recién y renovado sistema de iluminación.

Un par de segundos, son suficientes para sentirse tan insignificantes como afortunado, por tener ojos para contemplar lo que Miguel Ángel fue capaz de crear con un pincel en la mano. “Para mí, es un momento único y extraordinario, el poder ver así, la Capilla Sixtina, y más aún, cuando sabes, que horas después, será difícil evadirse entre las hordas de los visitantes, mientras los ujieres piden que circulen para dar cabida a los siguientes”.

Al final del recorrido, Gianni, nos conduce hasta las Estancias de Rafael, y allí, ante el fresco de la Escuela de Atenas, el jefe clavero confiesa, “nunca me habría imaginado esta profesión, yo iba para magistrado, pero los Museos Vaticanos se cruzaron en mi camino. Con 26 años empecé a trabajar como vigilante en la Basílica de San Pedro, y de ahí, pasé a los museos, desde entonces, nunca más volví a coger un libro de leyes. Descubrí el arte, que, por aquel entonces, apenas me interesaba, y hoy, aquí me tienes, fascinado por lo que veo cada día cuando vengo a trabajar, y es que, hacer este camino a diario, me hace sentir una de las personas más privilegiadas del mundo”.

5. Capilla Sixtian - Gianni Crea, el guardián de los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina

 

 

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