Picasso/Lautrec en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ha querido acabar el año en el que celebra su 25º aniversario, presentando por primera vez, una exposición monográfica comparando a dos de los grandes maestros de la modernidad, Pablo Picasso, con uno de sus grandes referentes de juventud, Toulouse-Lautrec.

Cuando Picasso llega a París con apenas 19 años, Toulouse-Lautrec era ya un artista consagrado de 35 años, al que tan solo le quedaba un año de vida, vencido por su enfermedad. Y aunque la admiración del uno por el otro fue enorme, lo cierto es que nunca se llegaron a conocer personalmente, sin embargo, ambos compartieron un mismo gusto por temas surgidos en el lado más oscuro de París de principios del siglo XX, la cruda realidad de los seres marginales como los mendigos, el mundo del circo, las noches en Montmartre de cafés, teatros, cabarets y de burdeles con prostitutas.

Todas estas afinidades, que no influencias, han sido objetos de estudios durante varios años por expertos y especialistas en la materia de estos dos grandes artistas, pero nunca antes se había visto reflejada en una exposición como la que, desde este martes pasado, 17 de octubre, y hasta el 21 de enero de 2018, podrán visitar a través de un total de 112 obras, procedentes de más de 60 colecciones públicas y privadas.

Entre sus colaboradores, Bernard Ruiz-Picasso, nieto del artista, que ha cedido de su colección personal, interesantes piezas como un espectacular tapiz de Las señoritas de Avignon y el retrato de Carlos Casagemas, un gran amigo de Picasso, que acabó suicidándose con un disparo en la sien con tan solo 20 años. Pablo se obsesionó tanto con su suicidio que le dedicó varios cuadros, como este, en el que aparece rastro de ese disparo.

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¡Encore trop Lautrec!

Como bien ya hemos dicho con anterioridad, el artista malagueño nunca llegó a conocer a Toulouse-Lautrec, pero siempre “se sintió muy próximo a él”. El contacto, así pues, fue indirecto, a través de otros pintores catalanes y amigos de Picasso que, si conocieron a Lautrec en persona y sus obras, como Rusiñol o Ramón Casas, de exposiciones que se organizaron en la ciudad de Barcelona de sus míticos carteles y grabados, e igualmente a través de las revistas de la época.

Y si hubo algo que atrajo verdaderamente a Picasso del pintor francés, esa fue la manera en la que rompió con todas las tendencias artísticas imperantes hasta el momento, así como el academicismo. Además, le sedujo la ironía de sus obras, la sensualidad, el interés por las caricaturas y por ese mundo de noches infinitas. Fue tan profunda su huella, que cuando Picasso enseñaba algunos de sus dibujos en los primeros años de su estancia en Bateau-Lavoir, amigos como Guillaume Apollinaire, Max Jacob, y André Salmón bromeaban diciéndole – ¡Encore trop Lautrec!’ (¡Aún demasiado Lautrec!).

Calvo Serraller, añade, que la fascinación permaneció en Picasso viva para siempre, pues allá por el año 1960, Edward Quinn, fotografió al artista malagueño en el estudio de su villa La Californie en Cannes. Allí, y mezclada entre cientos de obras de todas las épocas y objetos de diferentes culturas, y junto a un gran tapiz de Las señoritas de Avignon, podía distinguirse una copia enmarcada de una fotografía que Paul Sescau tomó en 1894 del artista francés.

Aquella fotografía, colocada en un pequeño altarcito, es un claro guiño de Picasso hacia el pintor de Albi, demostrando de ese modo, que fue este una figura que estuvo presente hasta el final de sus días.

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Diálogo artístico y temático

La exposición, comisariada por Francisco Calvo Serraller, catedrático de Historia del Arte, y Paloma Alarcó, jefa de conservación del Thyssen, bajo el título de Picasso/Lautrec, se encuentra dividida en cinco diferentes campos temáticos, donde veremos enfrentadas a la par que enlazadas las obras de ambos autores.

En Bohemios, podrán apreciar como la caricatura fue uno de los métodos principales con el que exploraron su propia imagen y las personalidades de sus modelos, como es el caso de Jane Avril, la musa cabaretera de Lautrec y el Busto de mujer sonriente de Picasso.

Por otra parte, Bajos fondos, una muestra de cómo los dos artistas se sintieron atraídos por el mundo de la noche. Lautrec, que siempre se mostró ajeno al que dirán, rompió grandes barreras y mostró un mundo marginal, pero bohemio, logrando que esa fuese una temática más dentro del arte moderno. Hoy por hoy y gracias a ellos, nadie sabría de aquellas escenas nocturnas por los bares de Montmartre, que tanto inspiraron a las siguientes generaciones.

El tercer bloque temático, lo conforman los llamados Vagabundos, incluyéndose en él, obras que reflejan el mundo del circo, de los saltimbanquis y arlequines.

El fin de la exposición, se cierra con los dos últimos apartados, Ellas y Eros, haciendo alusión a las mujeres y a la sexualidad, un mismo tema, pero tratados de formas diferente. Por un lado, Lautrec, quien durante un año convivió con prostitutas en un burdel, las retrató en su devenir diario; por otro lado, Picasso, con escenas algo más eróticas y violentas.

Con esta muestra, confiesa Alarcó “queremos reivindicar lo que para Picasso significó Lautrec, una fuente de inspiración, pues a través de sus obras el pintor malagueño, en aquellos primeros años ya supo convertir en propio aquello que más le apasionaba, la pintura”.

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