Rubens y sus bocetos conquistan el Museo del Prado

Según dejó Giorgio Vasari dicho en sus escritos “Miguel Ángel quemó sus dibujos preparatorios, para que nadie viese todas las penalidades por las que había pasado, y las pruebas a las que sometió su inteligencia, solo con el fin de alcanzar la sublime perfección”. 

Menos dramático e intenso que el divino Buonarroti, lo fue Rubens, otro de los grandes maestros de la Historia del Arte, ya que no sólo no destruyó sus bocetos, sino que los apreció tanto, que los acabó convirtiendo en una obra más, de entre sus verdaderas obras de arte.

Y es que, mientras el más común de los pintores, se conformaba con hacer rápidos esbozos y apuntes monocromos a lápiz, pluma o sanguina, con Rubens, nació una nueva forma de crear arte, los bocetos pintados, a color, al óleo, y en soportes más duraderos que el papel, generalmente sobre tabla.

Podríamos decir, que sus bocetos fueron auténticas joyas multiusos creadas no solo a modo de catálogo para ser mostradas a sus clientes, sino como herramienta de trabajo, una guía para sus ayudantes, o para plasmar él mismo una idea…y así hizo, hasta erigirse en el pintor de bocetos más importante de la historia del arte europeo.

La buena noticia de todo esto, es que ahora, dos de las instituciones con mayor número de bocetos pintados por Rubens, El Museo del Prado y el Boijmans Museum de Róterdam, han organizado una muestra, logrando reunir un total de 73 bocetos, procedentes también del Louvre, el Met de Nueva York, el Hermitage, la National Gallery de Londres, entre otros, para que sean vistos y disfrutados, a partir de hoy mismo, y hasta el próximo 5 de agosto de 2018, en el Museo del Prado.

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Rubens. Dota de alma aquello que pinta

Alejandro Vergara, jefe de conservación de pintura flamenca del Prado, y Friso Lammertse, conservador de pintura antigua del Boijmans, ambos comisarios de la exposición “Rubens. El pintor de bocetos”, han llevado a cabo una exhaustiva investigación, de entre los más de 450 bocetos catalogados del pintor, y en todos, y en cada uno de ellos, asegura Vergara “Rubens se dejaba el alma… son próximos, son frescos, todo un prodigio de imaginación y creatividad, y aunque, obviamente, menos terminados que los cuadros finales, lo más importante, no es ya lo que cuenta en ellos, sino cómo lo cuenta, y lo que nos hace sentir”.

Y es que, unos más acabados que otros, destacan por su variedad temática (mitológicos, retratos, naturalezas muertas, de historia), por su tamaño (el más pequeño, de unos 9 x 7 cm, la “Alegoría de la Sagrada Familia”, y el mayor, de 147 x 120 de “San Gregorio con los santos Domitila, Mauro y Papiano”), por su rápida pincelada, y en ocasiones, realizadas con tan poca pintura, que en algunos puede hasta incluso apreciarse la madera del soporte.

En algunos otros, se puede observar como Rubens llegó a elaborar de hasta dos y tres bocetos, con el fin de ofrecer a sus clientes distintas opciones, como ocurre en la Glorificación de la Eucaristía”, al pintar dos columnas para un altar, donde el cliente tenía para elegir.

Curiosamente, muchos de esos clientes, le pedían quedarse con esos dibujos, sin embargo, y a no ser que estuviese reflejado y estipulado en el contrato, el maestro se negaba a entregarlo. Cuentan, además, los comisarios, que, a su muerte, en 1640, en la colección del pintor, hallaron seis bocetos al óleo de Veronés, Tiziano y Tintoretto, siendo así, uno de los primeros coleccionistas, si no el primero, de bocetos pintados.

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Grandes obras maestras

En la muestra, también hacen acto de presencia algunos de los primeros cuadros que pintó Rubens, como “La Circuncisión” (1604 -1605) y “La Adoración de los Pastores” (1608), cinco obras para las pinturas del techo de la iglesia de los jesuitas de Amberes, trabajos de sus series más conocidas la de Aquiles, y la de la Eucaristía, encargada por la Infanta Isabel Clara Eugenia para las Descalzas Reales, algunos bocetos de escenas mitológicas para la Torre de la Parada, que Felipe IV le encargó para decorar este pabellón de caza… entre otras muchas.

Luego, hay otras obras espléndidas como “El descendimiento” prestado por la Courtauld Gallery de Londres, o “La caza del león”, por la National Gallery, en la que se midió con un trabajo de Leonardo da Vinci, hoy perdido, y curiosas, como “La expulsión de Adán y Eva”, donde esta última es expulsada del paraíso por un esqueleto, siendo arrastrada por el suelo por los pelos.

Igualmente, podrán ver, y por primera vez, tras la donación que hizo Juan Bordes al museo del Prado, el Manuscrito Bordes, una copia manuscrita de un cuaderno perdido con dibujos y textos de Rubens. De las cuatro copias conservadas, esta es la más importante, ya que se hizo directamente de la original e incluye dos dibujos del pintor.

Y cerrando la muestra, a modo de epílogo, un retrato de su hija Clara Serena, que, aunque no es un boceto pintando, tiene una estética abocetada, y refleja muy bien aquello que en principio comentaba Vergara “Rubens aquí no pinta a su niña, pinta el amor que sintió por ella”.

8. Retrato hija Elena. Rubens - Rubens y sus bocetos conquistan el Museo del Prado

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