La persistencia de la memoria de Salvador Dalí. Comentario de un experto

La persistencia de la memoria o Los relojes blandos como también es conocida, se trata de una de las pinturas más emblemáticas pintada en 1931 por el pintor español Salvador Dalí utilizando la técnica de óleo sobre lienzo.

La obra pertenece al movimiento artístico del surrealismo, una de las vanguardias más representativas del siglo XX, que surge en Francia en la década de 1920, en torno a la personalidad del poeta y dramaturgo André Breton.

Partiendo de algunos principios dadaístas, el surrealismo se caracterizó en líneas generales, por pretender que el artista se liberase de la realidad, rompiendo con todos los vínculos tradicionales, e introduciéndose en un mundo regido por la omnipotencia de los sueños y de la imaginación, apelando al subconsciente.

Y es que, cuando soñamos no solemos tener las ataduras diarias, sino que nuestro subconsciente se apodera de nuestro ser con fuertes dosis de obsesiones, delirios, fantasías que son de todo menos reales, eso mismo, es lo que Dalí quiso representar con una sus obras más conocidas junto al Gran Masturbador, La Persistencia de la memoria, que actualmente se conserva en el MoMA (Museo de Arte Moderno) de Nueva York.

FICHA TÉCNICA

  • Título: La persistencia de la memoria o Los relojes blandos
  • Autor: Salvador Dalí
  • Cronología: 1931
  • Estilo: Surrealismo
  • Técnica: Óleo sobre lienzo
  • Ubicación: Museo de Arte Moderno (MoMA), Nueva York.

Índice de contenido

Análisis iconográfico

En una vista generalizada al lienzo, lo primero que nos llama la atención es la presencia de cuatro relojes, cada uno en una posición diferente, pero todos en una aparente situación de decadencia. Dalí, según el mismo contó en una conocida entrevista dijo que para la realización de estos relojes, se inspiró en el queso camembert relacionándolos por su calidad de “tiernos, extravagantes, solitarios y paranoico-críticos

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Uno de los relojes cuelga de las ramas de un árbol seco. Este se ha relacionado dentro del mundo fantástico, con el concepto del thanatos, de la muerte. Otro se encuentra tendido como en una especie de cara, donde a quienes dicen podría ser un autorretrato de Dalí. Un tercer reloj parece representarse justo en el momento de estar cayéndose de un muro. Sobre él vemos una mosca, uno de los elementos más representativos del pintor. Solía decir que era un apasionado de las moscas limpias.

Por último, vemos el único reloj que se aleja del concepto de los tres anteriores, al tratarse de un reloj de bolsillo. Este se encuentra repleto de hormigas, un insecto, que en las diferentes obras de Dalí siempre ha estado relacionado con el erotismo. Hay que decir que este tipo de reloj se suele siempre llevar próximo a la zona genital, por lo que en esta ocasión la relación parece clara.

En definitiva, el artista nos ha presentado en todo su esplendor un mundo que para nada es real, con formas que no son conscientes, sino que se han vuelto blandas, advirtiéndonos la fluidez del tiempo. Además, sus sentimientos, el erotismo reprimido, su mundo interior se aprecian notablemente en una escena situada en uno de los lugares más apreciados por el pintor, y que recuerda a las célebres llanuras de Cadaqués con el mar de la costa Brava.                   

Análisis formal

Ya referente al análisis formal, y en lo que respecta a la concepción espacial, vemos un espacio claro, luminoso y diáfano con una enorme profundidad, dominada por la horizontalidad, únicamente alterada por la verticalidad que marca el árbol del segundo plano. Por otro lado, la figura central con sus formas sinuosas y ondulantes parecen dar un ritmo lento a la obra.

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El dibujo es lineal y bastante preciso demostrando una vez más sus dotes académicos, y es que a pesar de tratarse de un paisaje onírico y con elementos surrealistas, Dalí ha sido capaz de captar cada uno de ellos con un gran detallismo y perfección.

En lo que respecta al color, el artista español ha marcado una clara división con la utilización de colores cálidos dominados por colores terrosos para el primer plano, que contrastan con los más fríos y luminosos dominados por los azules del segundo plano.

Otro de los puntos a tener en cuenta es la luz, dado que desempeña un papel muy importante, que no es otro que el de contribuir a configurar una atmósfera más onírica y delirante. Para ello establece como una especie de división en el cuadro, donde el muro y el fondo aparecen fuertemente iluminados por la luz del atardecer, mientras que se establece una gradación hacia la oscuridad desde el rostro a la esquina inferior derecha.

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