Toulouse – Lautrec: el cronista social de los placeres del París bohemio

Toulouse Lautrec. Hace apenas un par de semanas atrás que dejó de mirarse frente a frente con Picasso, en el Museo Nacional Thyssen Bornemisza, y ahora vuelve a medirse con otros artistas. Pero esta vez, él es el protagonista.

Para ello, y hasta el próximo 6 de mayo, la Fundación Canal de Madrid, se ha convertido en un improvisado cabaret parisino, que darán cabida a un total de 65 obras, y entre ellas, los 33 carteles cedidos por el Musée d’Ixelles (Bruselas), una serie única, si tenemos en cuenta que solo existe otro conjunto similar en todo el mundo.

De modo que ahora, y por primera vez en España, podrán explorar a través de la exposición Toulouse-Lautrec y los placeres de la Belle époque, algunos de los cambios sociales que la modernidad trajo consigo, durante los últimos años del siglo XIX y principios del XX, a la capital francesa, como el auge de los cabarets, la popularización de los teatros o el nacimiento de la publicidad.

Hasta Montmartre, llegaron numerosos artistas, hambrientos de modernidad y sedientos de vanguardia, ansiosos por inmortalizar con la pluma o el pincel las transformaciones del momento, cada uno a su manera, y Lautrec a través de sus carteles, los cuales incluso elevó a la categoría de arte.

Cierto es, que su carrera artística al igual que su cuerpo, (nació con una enfermedad genética que le impedía el crecimiento de las piernas), fue corta, pues murió cuando tan solo contaba con 36 años de edad, pero, aun así, tuvo tiempo suficiente para exprimir aquel fascinante París y crear más de mil cuadros, 5.000 dibujos y 370 litografías.

Su obra, además estará acompañada por otros grandes nombres del cartelismo coetáneos como Théophile Alexandre Steinlen, Jules Chéret o Alphonse Mucha (presente también en Madrid, en el Palacio Gaviria).

Los placeres de las noches parisinas

Claire Leblanc, conservadora del Musée d’Ixelles de Bruselas, y comisaria de la exposición, ha optado por dividirla en cuatro secciones, la primera de ellas, Los placeres de la noche, con sus cabarets, entre los que figuran el mítico Moulin Rouge, y sus protagonistas.

Su director, Charles Zidler, le encargó el cartel inaugural a otro artista, Jules Chéret, y aunque no acabó de convencerle, es bueno de recordar, porque fue él, el primero en introducir el color en los carteles. Poco tiempo después, se lo encargaría a Toulouse Lautrec, siendo este su primer cartel, el del Moulin Rouge, del año 1891.

En él, aparece y en primer plano, La Goulue (La glotona), una de las bailarinas más célebres del Moulin Rouge, y que actuaba junto con Valentín el Deshuesado, en un espectáculo de contorsionismo que deleitaba al público. Al fondo, los espectadores, semeja una masa negra como si de sombras se trataran.

La segunda de las secciones, Los placeres de los escenarios, viene a reflejar esa popularización de las artes escénicas más cultas, con los nuevos espectáculos que empiezan a ser tema de conversación habitual, y también una influencia en la moda.

De ese modo, también podríamos decir que Lautrec contribuyó al estrellato de algunos protagonistas de la noche parisina, como el cantante y empresario, Aristide Bruant, dueño de Le Mirliton, al que el pintor francés inmortalizó con sombrero de ala ancha, bastón y bufanda roja, o a la larguirucha y escuálida cantante Yvette Guilbert, con sus inseparables guantes largos negros.

Otro de sus carteles más famosos, es el Diván Japonés, un café de Montmartre reconvertido en cabaret. Su director, Edouard Fournier, también acabó encargándole el cartel de la reapertura del local, en este caso protagonizada por una elegante Jane Avril, vestida de riguroso negro y sombrero de plumas.

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Los placeres literarios y los placeres modernos

Las mujeres, como hemos visto hasta ahora, fueron a menudo las principales protagonistas de la obra de Toulouse Lautrec, otras fueron la bailarina Loie Fuller, una obra de arte viva sobre el escenario. O Sarah Bernhardt, actriz y musa fetiche de Mucha, otro de los cartelistas coetáneos a Lautrec, y presentes también en la muestra.

Pero no fueron los únicas, también los lugares míticos, como el ya citado Moulin Rouge, y otros como Le Chat Noir, al que Théopile Alexandre Steinlen consagra un conocidísimo cartel, cuyas reproducciones son hoy día, uno de los souvenirs más vendidos a orillas del río Sena.

Sin embargo, París, no solo fue un hervidero artístico y teatral, sino también literario, de ahí, su tercera sección, Los placeres literarios, y es que los nuevos aires modernistas vinieron acompañados también de la gran expansión de la imprenta y la prensa.

Numerosos carteles se encargaban con la finalidad de promocionar las revistas, como “La Revue Blanche”, novelas, periódicos…. En este apartado, son de especial interés algunas de sus satíricas ilustraciones como “La vaca rabiosa”, o una de las once litografías que realizó para el álbum de “Ellas”, en el que relató en varias imágenes, cómo era la vida en los burdeles parisinos que el tanto y tan bien conocía.

La exposición, finaliza con una selección de carteles publicitarios, Los placeres modernos, mostrándonos una vez más, los cambios sociales que trajo la modernidad, el nacimiento de la sociedad de consumo, que experimentó un gran auge gracias al aumento del poder adquisitivo de los ciudadanos, y la consiguiente expansión del comercio.

El cartel, por lo tanto, se convirtió en el nuevo medio para publicitar los nuevos placeres del consumo, con Toulouse Lautrec al frente, que acabó realizando unos preciosos carteles para la venta de bicicletas.

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